victoria del ejército imperial y querían asegurarse una parte plena e incondicional de la gloria de la victoria de «Su Majestad». Por eso no supieron apreciar el excelente servicio de Kautsky. Así que ayudaron al renegado a conseguir un martirio barato al destituirlo de la dirección de Die Neue Zeit. Después de 1918, a Scheidemann y a Ebert tal vez se les debió de ocurrir cuán mejor sirvió Kautsky a la causa capitalista al formular su traición con palabras que no le hacían perder por completo la confianza del proletariado. Y el propio Kautsky está agotando ahora todos los esfuerzos para demostrar a Noske y a Scheidemann cuán cruelmente fue maltratado y cuán merecedor es de ser acogido de nuevo en su seno.
El libro de Kautsky Terrorismo y comunismo está dictado por el odio a la revolución rusa. Está influenciado por el miedo a una revolución semejante en Alemania. Está escrito con lágrimas por la burguesía contrarrevolucionaria y sus secuaces pseudo-«socialistas» que han sido sacrificados en el altar de la revolución por la dictadura proletaria en Rusia. Kautsky prefiere sacrificar la revolución y a los revolucionarios en el altar del «humanitarismo».
El autor de La ética y la concepción materialista de la historia sabe —tiene que saber— que el humanitarismo bajo el capitalismo es un humanitarismo capitalista.
Este humanitarismo acuña oro con los huesos, la sangre, la salud y el sufrimiento de toda la clase obrera mientras derrama lágrimas por un caso individual de crueldad hacia un ser humano.
Este humanitarismo castiga el asesinato con la muerte y mata a palos al pacifista que protesta contra la guerra como un acto de asesinato en masa.
Bajo el manto de los «instintos humanitarios», Kautsky solo oculta al enemigo de la revolución proletaria.