Codal
nydus/Terrorism and CommunismPublic
Página 16 de 300
Table of Contents

Terrorismo y Comunismo

Hoy no hay nada sorprendente en el tono de autoridad que se escucha en la voz de Trotsky y se advierte en sus escritos, pues es el jefe de un ejército considerable que lo debe todo a su talento para la organización.

Fue en Brest-Litovsk donde desplegó la audacia que es propia del genio. Hasta ese momento hubo poco en su carrera que lo distinguiera de sus camaradas de los bajos fondos revolucionarios: una carrera universitaria truncada por la cárcel, un aprendizaje de la agitación en Rusia, algunos años de exilio pasados en Viena, París y Nueva York, la distinción que comparte con Chicherin de haber «estado sentado» en una prisión británica, un ingenio rápido, un don para la oratoria incisiva, pero hasta entonces ni el logro sólido ni la leyenda que infunden confianza.

Sin embargo, este agitador oscuro, con la desventaja en tal tarea de su nacimiento judío, se plantó ante los diplomáticos y soldados de los Imperios Centrales, envalentonados como estaban por la victoria y la insolencia propia de su casta, los forzó a un debate público, los desconcertó al hablar de los principios fundamentales como si la derrota y la impotencia de Rusia no contaran para nada, y de hecho utilizó las negociaciones para lanzar por encima de sus cabezas su llamamiento a la revuelta a los súbditos de aquellos mismos imperios.

Mostró en esta asombrosa actuación la gracia y la audacia de un «matador». Esta singular pieza dramática reveló la persistente fe de los bolcheviques en el poder del desafío insolente, el efecto magnético de la pura voluntad.

Desde este episodio sus servicios a la revolución han sido más sólidos, pero no menos brillantes. No tenía conocimientos ni experiencia militares, y sin embargo asumió la tarea casi desesperada de crear un ejército. A menudo se le ha comparado con Carnot. Pero, salvo que ambos habían perdido oficiales, había pocas cosas en común entre el ejército francés y el ruso en las primeras etapas de las dos revoluciones.

16