trabajar. El servicio de trabajo obligatorio está esbozado en nuestra Constitución y en nuestro Código de Trabajo. Pero hasta ahora siempre ha permanecido como un mero principio. Su aplicación ha tenido siempre un carácter accidental, parcial y episódico. Solo ahora, cuando a lo largo de toda la línea hemos llegado a la cuestión del renacimiento económico del país, se han planteado ante nosotros los problemas del servicio de trabajo obligatorio de la manera más concreta posible. La única solución a las dificultades económicas que es correcta desde el punto de vista tanto del principio como de la práctica consiste en tratar a la población de todo el país como el reservorio de la fuerza de trabajo necesaria —un reservorio casi inagotable— e introducir un orden estricto en la labor de su registro, movilización y
¿Cómo hemos de comenzar en la práctica la utilización de la fuerza de trabajo sobre la base del servicio militar obligatorio?
Hasta ahora solo el Departamento de Guerra ha tenido experiencia en la esfera del registro, movilización, formación y transferencia de un lugar a otro de grandes masas.
Estos métodos y principios técnicos fueron heredados por nuestro Departamento de Guerra, en una medida considerable, del pasado.
En la esfera económica no existe semejante herencia; puesto que en dicha esfera existía el principio de la propiedad privada, y la fuerza de trabajo entraba en cada fábrica separadamente desde el mercado. Es consecuentemente natural que nos veamos obligados, al menos durante el primer período, a hacer uso del aparato del Ministerio de la Guerra a gran escala para las movilizaciones de trabajo.
Hemos creado organizaciones especiales para la aplicación del principio del servicio de trabajo obligatorio en el centro y en las regiones: en las