acción de la Comuna, aunque insuficiente para la victoria, fue suficiente para revelar su naturaleza ilegal. La Comuna —es decir, el Ayuntamiento de París— derogó la ley nacional relativa al servicio militar obligatorio. Bautizó a su órgano oficial con el nombre de El Diario Oficial de la República Francesa . Aunque con cautela, puso las manos sobre el Banco del Estado. Proclamó la separación entre la Iglesia y el Estado, y abolió los presupuestos eclesiásticos. Entró en relaciones con varias embajadas. Y así sucesivamente. Hizo todo esto en virtud de la dictadura revolucionaria. Pero Clemenceau, joven demócrata como era entonces, no quiso reconocer tal virtud.
En una conferencia con el Comité Central, Clemenceau dijo:
«El levantamiento tuvo un comienzo ilegal. Pronto el Comité se hará ridículo y sus decretos serán despreciados. Además, París no tiene derecho a sublevarse contra Francia y debe aceptar incondicionalmente la autoridad de la Asamblea».
El problema de la Comuna era disolver la Asamblea Nacional. Por desgracia, no logró hacerlo. Hoy Kautsky busca descubrir para sus intenciones criminales algunas circunstancias atenuantes.
Señala que los comuneros tuvieron como oponentes en la Asamblea Nacional a los monárquicos, mientras que nosotros en la Asamblea Constituyente tuvimos en contra a los socialistas, en las personas de los eseristas y los mencheviques. ¡Un eclipse mental completo!