provincias, en los distritos y en las zonas rurales ya tenemos comités de trabajo obligatorio en funcionamiento. Se apoyan en su mayor parte en los órganos centrales y locales del Departamento de Guerra. Nuestros centros económicos —el Consejo Económico Supremo, el Comisariado del Pueblo de Agricultura, el Comisariado del Pueblo de Vías y Comunicaciones, el Comisariado del Pueblo de Alimentación— elaboran estimaciones de la mano de obra que necesitan. El Comité Principal para el Servicio de Trabajo Obligatorio recibe estas estimaciones, las coordina, las armoniza con los recursos locales de mano de obra, da las instrucciones correspondientes a sus órganos locales y, a través de ellos, lleva a cabo las movilizaciones laborales. Dentro de los límites de las regiones, provincias y distritos, los organismos locales realizan este trabajo de forma independiente, con el objetivo de satisfacer las necesidades económicas locales.
Toda esta organización se encuentra actualmente en estado embrionario. Todavía es muy imperfecta. Pero el rumbo que hemos adoptado es indudablemente el correcto.
Si la organización de la nueva sociedad puede reducirse fundamentalmente a la reorganización del trabajo, la organización del trabajo significa a su vez la correcta introducción del servicio laboral general. Este problema no se resuelve en modo alguno mediante medidas de carácter puramente departamental y administrativo. Toca los cimientos mismos de la vida económica y de la estructura social. Entra en conflicto con los hábitos psicológicos y los prejuicios más arraigados.