Como todos los mandarines de la socialdemocracia alemana, Kautsky ve en la organización ante todo un método para entorpecer la acción revolucionaria.
Pero limitándonos a la cuestión de la organización como tal, no debemos olvidar que la revolución de noviembre fue precedida por nueve meses del gobierno de Kerenski, durante los cuales nuestro partido, no sin éxito, se consagró no solo a la agitación, sino también a la organización.
La revolución de noviembre tuvo lugar después de que hubiéramos alcanzado una aplastante mayoría en los Sóviets de Obreros y Soldados de Petrogrado, Moscú y todos los centros industriales del país, y de haber transformado los Sóviets en poderosas organizaciones dirigidas por nuestro partido.
Los comuneros no hicieron nada semejante.
Finalmente, teníamos a nuestras espaldas la heroica Comuna de París, de cuya derrota habíamos extraído la deducción de que los revolucionarios deben prever los acontecimientos y prepararse para ellos. También de esto somos culpables.
Kautsky requiere su extensa comparación entre la Comuna y la Rusia soviética únicamente para calumniar y humillar a una dictadura del proletariado viva y victoriosa en aras de una dictadura intentada, en un pasado ya bastante lejano.
Kautsky cita con extrema satisfacción la declaración del Comité Central de la Guardia Nacional del 19 de marzo en relación con el asesinato de los dos generales por parte de la soldadesca. > «Decimos con indignación: la inmundicia sangrienta con la ayuda de la cual se espera manchar nuestro honor es una calumnia miserable. Nunca organizamos asesinatos,