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Terrorismo y Comunismo

cabellos». Esta comparación del proletariado ruso con el impostor Münchausen sacándose del pantano es un claro ejemplo del tono insolente con el que Kautsky habla de la clase obrera

Él aporta extractos de diversos discursos y artículos nuestros en los que se denuncian fenómenos indeseables entre la clase trabajadora, y procura presentar las cosas de tal modo que la vida del proletariado ruso entre 1917 y 1920 —en la mayor de las épocas revolucionarias— aparezca descrita por completo mediante la pasividad, la ignorancia y el egoísmo.

Kautsky, por cierto, no sabe, nunca ha oído decir, no puede adivinar, no alcanza a imaginar que, durante la guerra civil, el proletariado ruso tuvo más de una ocasión de ofrecer libremente su trabajo e incluso de establecer guardias «no remuneradas» —no de un trabajador durante el espacio de una noche, sino de decenas de miles de trabajadores durante el espacio de una larga serie de noches agitadas—.

En los días y semanas del avance de Yudénich sobre Petrogrado, bastó un telefonograma del Sóviet para asegurar que muchos miles de trabajadores acudieran a sus puestos en todas las fábricas, en todos los distritos de la ciudad. Y esto no en los primeros días de la Comuna de Petrogrado, sino después de dos años de lucha entre el frío y el hambre.

Dos o tres veces al año nuestro partido mobiliza a una gran proporción de sus miembros para el frente. Dispersos a lo largo de una distancia de 8.000 verstas, mueren y enseñan a otros a morir. Y cuando, en la hambrienta y fría Moscú, que ha dado la flor de sus trabajadores al frente, se proclama una Semana del Partido, afluyen a nuestras filas procedentes de las masas proletarias, en el espacio de siete días, 15.000 personas. ¿Y en qué momento? En el momento en que el peligro de la destrucción del Gobierno soviético había alcanzado su punto más agudo. En el momento

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