Este plan debe elaborarse para una serie de años, para toda la época que tenemos por delante. Se divide naturalmente en periodos o etapas separados, correspondientes a las etapas inevitables del renacimiento económico del país. Tendremos que empezar por los problemas más simples y al mismo tiempo más fundamentales.
Tenemos ante todo que ofrecer a la clase trabajadora la posibilidad misma de vivir —aunque sea en las condiciones más difíciles— y preservar así nuestros centros industriales y salvar las ciudades. Este es el punto de partida.
Si no deseamos disolver la ciudad en la agricultura y transformar todo el país en un Estado campesino, debemos apoyar nuestro transporte, aun al nivel mínimo, y asegurar pan para las ciudades, combustible y materias primas para la industria, forraje para el ganado. Sin esto no daremos un solo paso adelante.
En consecuencia, la primera parte del plan comprende la mejora del transporte, o, en cualquier caso, la prevención de su mayor deterioro y la preparación de los suministros más necesarios de alimentos, materias primas y combustible. Todo el periodo siguiente estará por entero lleno de la concentración y el esfuerzo de la fuerza de trabajo para resolver estos problemas fundamentales; y solo de este modo sentaremos las bases para todo lo que ha de venir.
Fue un problema de esta índole, por cierto, el que planteamos a nuestros ejércitos de trabajo. Si el primero o los siguientes periodos se medirán por meses o por años, es infructuoso conjeturar en la actualidad. Esto depende de muchas razones, empezando por la situación internacional y terminando por el grado de determinación y firmeza de la clase trabajadora.
El segundo periodo es el periodo de la construcción de maquinaria en interés del transporte y del almacenamiento de materias primas y combustible. Aquí el núcleo está en la locomotora.