¡Uno podría imaginar que, desde el día en que se escribió el Programa de Erfurt, nunca había ocurrido en el mundo nada digno de mención!
Sin embargo, entretanto, durante décadas, el proletariado de Francia, Alemania y los demás países más importantes ha estado luchando y desarrollándose, haciendo el uso más amplio posible de las instituciones de la democracia y construyendo sobre esa base poderosas organizaciones políticas.
Este camino de la educación del proletariado a través de la democracia hacia el socialismo demostró, sin embargo, estar interrumpido por un acontecimiento de no pequeña importancia: la guerra imperialista mundial.
El estado de la clase que, gracias a sus maquinaciones, desencadenó la guerra logró conseguir la ayuda de las organizaciones directoras de la socialdemocracia para engañar al proletariado y arrastrarlo al torbellino.
De modo que, tomados tal cual son, los métodos de la democracia, a pesar de los beneficios indiscutibles que ofrecen en un determinado período, mostraron una capacidad de acción sumamente limitada; con el resultado de que dos generaciones del proletariado, educadas bajo las condiciones de la democracia, de ningún modo garantizaron la preparación política necesaria para juzgar con precisión un acontecimiento como la guerra imperialista mundial.
Esa experiencia no nos da razones para afirmar que, si la guerra hubiera estallado diez o quince años más tarde, el proletariado habría estado más preparado para ella.
El Estado democrático burgués no solo crea condiciones más favorables para la educación política de los trabajadores, en comparación con el