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Terrorismo y Comunismo

Como vemos, se requirió la guerra y una serie de revoluciones para permitirnos formarnos una idea adecuada de lo que ocurría en realidad en las cabezas de algunos de nuestros teóricos más eruditos.

Resulta que Kautsky no creía que se pudiera deshacer de un Románov o un Hohenzollern por medio de conversaciones; pero al mismo tiempo imaginaba seriamente que una monarquía militar podía ser derrocada por medio de una huelga general, es decir, mediante una manifestación pacífica de brazos cruzados.

A pesar de la revolución rusa y del debate mundial sobre esta cuestión, Kautsky, según se ve, conserva la concepción anarcorreformista de la huelga general.

Podríamos recordarle que, en las páginas de su propia revista, la Neue Zeit, se explicó hace doce años que la huelga general es solo una movilización del proletariado y su enfrentamiento contra su enemigo, el Estado; pero que la huelga en sí misma no puede producir la solución del problema, porque agota las fuerzas del proletariado antes que las de sus enemigos, y esto, tarde o temprano, obliga a los trabajadores a regresar a las fábricas.

La huelga general adquiere una importancia decisiva únicamente como preámbulo de un conflicto entre el proletariado y las fuerzas armadas de la oposición, es decir, del alzamiento revolucionario abierto de los trabajadores. Solo quebrantando la voluntad de los ejércitos lanzados en su contra puede la clase revolucionaria resolver el problema del poder: el problema fundamental de toda revolución.

La huelga general provoca la movilización de ambos bandos y ofrece la primera estimación seria de las fuerzas de resistencia de la contrarrevolución. Pero solo en las etapas posteriores de la lucha, tras la transición a la vía de la insurrección armada, puede fijarse ese precio sangriento que la clase

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