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Terrorismo y Comunismo

de los primeros historiadores de la Guerra Civil estadounidense. «Pero el estado de cosas era hasta tal punto crítico, y la necesidad de tomar medidas decisivas contra la población de Baltimore tan grande, que no solo el Gobierno, sino también el pueblo de los Estados Unidos, apoyó las medidas más enérgicas». [(The History of the American War, por Fletcher, teniente coronel de los Guardias escoceses, San Petersburgo 1867, página 95.)]

Algunos de los bienes que el Sur rebelde necesitaba fueron suministrados en secreto por los comerciantes del Norte. Naturalmente, a los norteños no les quedó más remedio que introducir métodos de represión.

El 6 de agosto de 1861, el presidente ratificó una resolución del Congreso relativa a «la confiscación de bienes utilizados con fines insurreccionales».

El pueblo, bajo la forma de los elementos más democráticos, era partidario de medidas extremas. El Partido Republicano tenía una mayoría decidida en el Norte, y las personas sospechosas de secesionismo —es decir, de simpatizar con los estados sureños rebeldes— fueron objeto de violencia.

En algunas ciudades del norte, e incluso en los estados de Nueva Inglaterra, famosos por su orden, el pueblo irrumpía con frecuencia en las oficinas de los periódicos que apoyaban a los esclavistas insurrectos y destrozaba sus imprentas. Ocasionalmente sucedía que los editores reaccionarios eran embadurnados con alquitrán, decorados con plumas y paseados de tal guisa por las plazas públicas hasta que juraban lealtad a la Unión.

La personalidad de un hacendado embadurnado en alquitrán guardaba escasa semejanza con el «fin en sí mismo»; de modo que el imperativo categórico de Kautsky sufrió en la guerra civil de los estados un golpe considerable.

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