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Terrorismo y Comunismo

El aparato de los ferrocarriles alemanes estaba magníficamente organizado, debido en considerable medida al empleo de suboficiales y oficiales en puestos administrativos del departamento de transportes. En este sentido también nosotros tenemos algo que aprender del militarismo.

El camarada Tsiperovich, uno de nuestros principales líderes sindicales, admitió aquí que el trabajador sindical que ha pasado por el entrenamiento militar —que ha ocupado, por ejemplo, el responsable puesto de comisario de regimiento durante un año— no empeora desde el punto de vista de la labor sindical como resultado de ello. Se reincorpora al sindicato siendo el mismo proletario de la cabeza a los pies, pues ha estado luchando por el proletariado; pero regresa convertido en un veterano —endurecido, más independiente, más decisivo—, ya que ha ocupado puestos de gran responsabilidad. Ha tenido la oportunidad de mandar sobre varios miles de soldados rojos de distintos grados de conciencia de clase —la mayoría de ellos campesinos—. Junto con ellos ha vivido victorias y reveses, ha avanzado y retrocedido. Ha habido casos de traición por parte del personal de mandos, de levantamientos campesinos, de pánico, pero él ha permanecido en su puesto, ha mantenido unida a la masa menos consciente de clase, la ha dirigido, la ha inspirado con su ejemplo, ha castigado a los traidores y a los cobardes. Esta experiencia es una experiencia grande y valiosa. Y cuando un antiguo comisario de regimiento regresa a su sindicato, no se convierte en un mal organizador.

En la cuestión del principio colegiado, los argumentos de Abramovich son tan inertes como en todas las demás cuestiones: los argumentos de un observador distante que permanece en la orilla de un río.

Abramovich nos explicó que una buena junta es mejor que un mal director, que en una buena junta debe entrar un buen experto. Todo esto

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