pasado una fuerte organización revolucionaria, con un gran endurecimiento en el conflicto, se creará un Partido Comunista igualmente autoritario para el momento de la revolución proletaria, es difícil de predecir; pero es bastante obvio que de esta cuestión depende, en muy gran medida, el progreso de la revolución socialista en cada país.
El papel exclusivo del Partido Comunista en las condiciones de una revolución proletaria victoriosa es perfectamente comprensible.
La cuestión es la de la dictadura de una clase. En la composición de esa clase entran diversos elementos, estados de ánimo heterogéneos, diferentes niveles de desarrollo. Sin embargo, la dictadura presupone unidad de voluntad, unidad de dirección, unidad de acción.
¿Por qué otra vía puede entonces alcanzarse? La supremacía revolucionaria del proletariado presupone en el seno del propio proletariado la supremacía política de un partido, dotado de un claro programa de acción y de una disciplina interna intachable.
La política de coaliciones contradice internamente al régimen de la dictadura revolucionaria. Tenemos en vista, no coaliciones con partidos burgueses, de las cuales por supuesto no puede hablarse, sino una coalición de comunistas con otras organizaciones «socialistas», que representan diferentes etapas de atraso y prejuicio de las masas laboriosas.
La revolución revela rápidamente todo lo que es inestable, desgasta todo lo que es artificial; las contradicciones disimuladas en una coalición se ponen de manifiesto con rapidez bajo la presión de los acontecimientos revolucionarios. Hemos tenido un ejemplo de esto en Hungría, donde la dictadura del proletariado adoptó la forma política de la coalición de los comunistas con oportunistas disfrazados.