utilización temporal con el objeto de preparar la revolución proletaria, ha sido nuevamente santificado por Kautsky como el principio supremo que se eleva por encima de las clases y que subordina incondicionalmente a sí mismo los métodos de la lucha proletaria. La degeneración contrarrevolucionaria del parlamentarismo encuentra su expresión más perfecta en la deificación de la democracia por parte de los teóricos decadentes de la Segunda Internacional.
# La Asamblea Constituyente
Hablando en general, la obtención de una mayoría en un parlamento democrático por parte del partido del proletariado no es una imposibilidad absoluta.
Pero tal hecho, aun si llegara a realizarse, no introduciría ningún principio nuevo en el curso de los acontecimientos.
Los elementos intermedios de la intelectualidad, bajo la influencia de la victoria parlamentaria del proletariado, posiblemente mostrarían menor resistencia al nuevo régimen.
Pero la resistencia fundamental de la burguesía se decidiría mediante hechos tales como la actitud del ejército, el grado en que los trabajadores estuvieran armados, la situación en los estados vecinos: y la guerra civil se desarrollaría bajo la presión de estas circunstancias de máxima realidad, y no por la aritmética móvil del parlamentarismo.
Nuestro partido nunca se ha negado a abrir el camino hacia la dictadura proletaria a través de las puertas de la democracia, habiendo sintetizado claramente en su mente ciertas ventajas agitativas y políticas de semejante transición «legalizada» al nuevo régimen. De ahí nuestro intento de convocar la Asamblea Constituyente. El campesino ruso, apenas despertado por la revolución a la vida política, se