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Terrorismo y Comunismo

No podemos esperar una afluencia libre de fuerza de trabajo procedente del mercado, ya que para lograrlo el Estado necesitaría tener en sus manos «reservas de maniobra» suficientemente amplias, en forma de alimentos, vivienda y transporte, es decir, precisamente aquellas condiciones que aún tenemos que crear. Sin la transferencia sistemáticamente organizada de fuerza de trabajo a escala de masas, de acuerdo con las exigencias de la organización económica, no lograremos nada. Aquí el momento de la coacción surge ante nosotros con toda su fuerza de necesidad económica.

Les leo un telegrama de Ekaterimburgo relacionado con el trabajo del Primer Ejército de Trabajo. Dice que han pasado por el Comité Ural de Servicio de Trabajo más de 4.000 trabajadores. ¿De dónde han aparecido? Principalmente del antiguo Tercer Ejército. No se les permitió ir a sus hogares, sino que fueron enviados a donde se les requería. Del ejército fueron entregados al Comité de Servicio de Trabajo, el cual los distribuyó de acuerdo con sus categorías y los envió a las fábricas.

Esto, desde el punto de vista liberal, es «violencia» contra la libertad del individuo. Sin embargo, una abrumadora mayoría de los trabajadores acudió voluntariamente al frente de trabajo, tal como antes al militar, comprendiendo que el interés común lo exigía. Una parte fue en contra de su voluntad. Estos fueron obligados.

Naturalmente, es bastante claro que el Estado debe, mediante el sistema de primas, ofrecer a los mejores trabajadores mejores condiciones de existencia. Pero esto no solo no excluye, sino que por el contrario presupone, que el Estado y los sindicatos —sin los cuales el Estado soviético no construirá la industria— adquieran nuevos derechos de algún tipo sobre el trabajador.

El trabajador no se limita a regatear con el Estado soviético: no, está subordinado al Estado soviético, bajo sus órdenes en todas direcciones, pues es su Estado.

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