«El Gobierno soviético», truena Kautsky, «ha destruido el único remedio que podría atenuar la corrupción: la libertad de prensa. Únicamente el control mediante la ilimitada libertad de prensa podría haber refrenado a esos bandidos y aventureros que se aferrarán inevitablemente como sanguijuelas a todo poder ilimitado e incontrolado». (Página 188) Y así sucesivamente.
¡La prensa como arma fiel en la lucha contra la corrupción! Esta receta liberal suena particularmente patética cuando uno recuerda a los dos países con la mayor «libertad» de prensa —Norteamérica y Francia—, que, al mismo tiempo, son países donde se halla más altamente desarrollada la corrupción capitalista.
Alimentándose del viejo escándalo de las antesalas políticas de la revolución rusa, Kautsky imagina que, sin la libertad de los demócratas constitucionalistas y de los mencheviques, el aparato soviético está plagado de «bandidos» y «aventureros». Tal fue la voz de los mencheviques hace un