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Terrorismo y Comunismo

partido que desde sus inicios había hecho un culto del campesino ruso, lo había estudiado, idealizado y cortejado, y que incluso parecía habérselo ganado en 1917.

Muchas circunstancias explican el éxito de los bolcheviques, que demostraron una vez más en la historia la capacidad de la ciudad —incluso cuando su población es relativamente minúscula— para una acción rápida y concentrada. Tuvieron además la suerte de lidiar con oponentes que cometieron el supremo error de invocar ayuda extranjera.

Pero ninguna de estas ventajas habría servido sin una inmensa superioridad de carácter. El temperamento eslavo, soñador, emocional, indisciplinado, se mostró en su peor faceta en la indulgencia incorregible de los «blancos» más aristocráticos, mientras que los «intelectuales» de los grupos socialistas moderados y liberales se han visto arruinados para la acción por su educación exclusivamente literaria y estética.

Los bolcheviques quizás sean un grupo menos cultivado, pero, en su vida clandestina de conspiración, habían aprendido la sobriedad, la disciplina, la obediencia y la confianza mutua.

Su rígida fe marxista dogmática les confiere el poder de acción que solo pertenece a aquellos que creen sin crítica ni cuestionamiento.

Su capacidad para liderar depende mucho menos de lo que la mayoría de los ingleses supone, de su crueldad y de su disposición a practicar las artes de la intimidación y la represión.

Su principal activo es su autoconfianza. En cada emergencia siempre están seguros de tener el único plan viable. Se presentan ante el resto de Rusia como un solo hombre. Nunca dudan ni se desaminan, e incluso cuando se comprometen, lo hacen con un aire de prepotencia.

Su supervivencia en medio de la invasión, la hambruna, el bloqueo y el colapso económico ha sido de principio a fin un triunfo de la voluntad

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