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Terrorismo y Comunismo

aterrorizaba ante su propia insignificancia.

Friedrich Adler es un escéptico de pies a cabeza: no cree en las masas ni en su capacidad de acción. En la época en que Karl Liebknecht, en la hora del supremo triunfo del militarismo alemán, salió a la Potsdamerplatz para convocar a las masas oprimidas a la lucha abierta, Friedrich Adler fue a un restaurante burgués a asesinar allí al primer ministro austríaco. Con su disparo solitario, Friedrich Adler intentó en vano poner fin a su propio escepticismo. Tras aquella tensión histérica, cayó en una postración aún más completa.

La cuadrilla rojinegra del socialpatriotismo (Austerlitz, Leitner, etc.) abrumó al terrorista Adler con todos los insultos de los que eran capaces sus cobardes sentimientos.

Pero cuando pasó el período agudo, y el hijo pródigo regresó de su prisión de presidiario a la casa de su padre con la aureola de mártir, demostró ser doble y triplemente valioso en esa forma para la socialdemocracia austríaca. La aureola dorada del terrorista fue transformada por los experimentados falsificadores del partido en la moneda sonante del demagogo. Friedrich Adler se convirtió en un fiador de confianza para los Austerlitz y los Renner ante las masas. Por fortuna, los trabajadores austríacos distinguen cada vez menos la postración lírica y sentimental de Friedrich Adler de la pomposa superficialidad de Renner, la impotencia erudita de Max Adler o la autocomplacencia analítica de Otto Bauer.

La cobardía en el pensamiento de los teóricos de la escuela austromarxista ha quedado total e íntegramente al descubierto al enfrentarse a los grandes problemas de una época revolucionaria. En su inmortal intento por incluir el sistema soviético en la Constitución de Ebert-Noske, Hilferding dio voz no solo a su propio espíritu, sino al espíritu de toda la escuela austromarxista que, con la llegada de la época

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