En otra parte veremos que Kautsky nos acusa de haber concluido la paz de Brest-Litovsk: en su opinión, deberíamos haber continuado la guerra. Pero entonces, ¿qué queda de la santidad de la vida humana? ¿Deja la vida de ser sagrada cuando se trata de personas que hablan otro idioma, o considera Kautsky que los asesinatos en masa organizados según principios de estrategia y táctica no son asesinatos en absoluto? En verdad, es difícil proponer en nuestra época un principio más hipócrita y más estúpido.
Mientras la fuerza de trabajo humana, y, por consiguiente, la vida misma, sigan siendo artículos de compra y venta, de explotación y robo, el principio de la «sacridad de la vida humana» seguirá siendo una mentira vergonzosa, pronunciada con el objeto de mantener a los esclavos oprimidos en sus cadenas.
Nosotros solíamos luchar contra la pena de muerte introducida por Kerenski, porque esa pena era aplicada por los tribunales militares de campaña del viejo ejército a los soldados que se negaban a continuar la guerra imperialista. Le arrancamos esta arma