León Trotsky
Por H.N. Brailsford
Se ha dicho de los bolcheviques que son más interesantes que el bolchevismo. Para quienes se aferran a la interpretación económica de la historia, eso puede parecer una herejía. No obstante, creo que la personalidad no solo de los líderes, sino también de su partido, contribuye en gran medida a explicar la gestación y la supervivencia de la revolución rusa. Para nosotros, en Occidente, parecen un tipo totalmente ajeno. Con los líderes y las organizaciones socialistas hemos estado familiarizados, nosotros y nuestros padres, durante tres cuartos de siglo. No ha faltado talento ni siquiera genio entre ellos. El movimiento ha producido a su gran teórico en Marx, a su orador en Jaurès, a poderosos tácticos como Bebel, y ha influido en la literatura a través de Morris, Anatole France y Shaw. Sin embargo, no engendró ningún hombre de acción considerable, y quedó en manos de los rusos hacer lo que generaciones de socialistas occidentales se habían pasado la vida discutiendo. Hubo en esta hazaña rusa una simplicidad y una franqueza casi bárbaras. Eran hombres que creían realmente en las fórmulas de nuestros teóricos y en las resoluciones de nuestros congresos. Lo que para nosotros se había convertido en una ortodoxia esterilizada y casi respetable resonó en sus oídos como una llamada de trompeta a la acción.