presentaran como candidatos, y mucho menos que fueran elegidos. La Comuna, en cambio, por respeto a la democracia, no puso el menor obstáculo a la elección de sus oponentes burgueses». (Página 74.)
Ya hemos visto más arriba que aquí Kautsky yerra por completo.
En primer lugar, en una etapa semejante del desarrollo de la Revolución rusa, sí se celebraron elecciones democráticas a la Comuna de Petrogrado, en las cuales el Gobierno soviético no puso ningún obstáculo a los partidos burgueses; y si los demócratas constitucionalistas (kadetes), los socialistas revolucionarios y los mencheviques —que contaban con su propia prensa, la cual llamaba abiertamente al derrocamiento del Gobierno soviético— boicotearon las elecciones, fue únicamente porque en aquel entonces todavía abrigaban la esperanza de acabar pronto con nosotros mediante la fuerza de las armas.
En segundo lugar, en la Comuna de París no se halló en realidad ninguna democracia que expresara a todas las clases. Los diputados burgueses —conservadores, liberales, gambettistas— no encontraron cabida en ella.
“Casi todos estos individuos —dice Lavrov—, o inmediatamente o muy pronto, abandonaron el Consejo de la Comuna. Podían haber sido representantes de París como ciudad libre bajo el dominio de la burguesía, pero estaban completamente fuera de lugar en el Consejo de la Comuna, el cual, mal que bien, con mayor o menor consecuencia, total o parcialmente, sí representaba la revolución del proletariado, y un intento, por débil que fuese, de construir formas de sociedad correspondientes a esa revolución”. (Páginas 111-112) Si la burguesía de Petrogrado no hubiese boicoteado las elecciones municipales, sus representantes habrían entrado en el Consejo de Petrogrado. Se habrían quedado allí hasta el primer levantamiento de los socialrevolucionarios y los demócratas constitucionalistas (kadetes), tras el cual —con el permiso o sin el permiso de Kautsky— probablemente