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Terrorismo y Comunismo

¿Es esto verdad? No. Esta es la crítica irresponsable y maligna de hombres que están a un lado, no conocen los hechos, recogen solo fragmentos y basura, y están empeñados de una u otra manera, como sea, en declarar nuestra bancarrota o en profetizarla. En realidad, los ejércitos de trabajo no solo no se han arruinado, sino que, por el contrario, han tenido éxitos importantes, han demostrado su fidelidad, se están desarrollando y son cada vez más fuertes. Precisamente aquellos profetas han ido a la bancarrota, los que predijeron que de todo el plan no saldría nada, que nadie empezaría a trabajar y que los soldados rojos no irían al frente de trabajo, sino que simplemente se dispersarían a sus casas.

Estas críticas estaban dictadas por un escepticismo filisteo, falta de fe en las masas, falta de fe en la iniciativa audaz y en la organización.

Pero ¿no escuchamos exactamente la misma crítica, en el fondo, cuando recurrimos a movilizaciones extensas para problemas militares? Entonces también nos asustaron, nos aterraron con historias de deserciones masivas que eran absolutamente inevitables, según se alegaba, después de la imperialista guerra.

Naturalmente, deserciones las hubo, pero examinadas a la luz de la experiencia, demostraron no ser en absoluto a la escala masiva que se había pronosticado; no destruyeron el ejército; el vínculo moral y organizativo —el voluntarismo comunista y la compulsión estatal combinados— nos permitió llevar a cabo movilizaciones de millones, realizar numerosas formaciones y redistribuciones, y resolver los problemas militares más difíciles. A fin de cuentas, el ejército salió victorioso.

En relación con los problemas laborales, fundándonos en nuestra experiencia militar, aguardábamos los mismos resultados; y no nos equivocamos. Los soldados rojos no se dispersaron cuando fueron

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