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Terrorismo y Comunismo

grupo socialdemócrata, le suministró materiales, cifras, sucedáneos de ideas, lo instruyó, redactó memorandos y parecía ser casi el inspirador de grandes acciones, cuando en realidad solo suministraba sucedáneos, y sucedáneos adulterados, para los oportunistas parlamentarios.

Max Adler representa una variedad bastante ingenua del tipo austromarxista.

Es un poeta lírico, un filósofo, un místico; un poeta lírico filosófico de la pasividad, como Renner es su publicista y experto legal, como Hilferding es su economista, como Bauer es su sociólogo.

Max Adler se siente encajonado en un mundo de tres dimensiones, aunque había encontrado un lugar muy cómodo para sí mismo dentro del marco del socialismo burgués vienés y el Estado de los Habsburgo.

La combinación de la mezquina actividad comercial de un procurador y de la humillación política, junto con estériles esfuerzos filosóficos y las baratas flores de oropel del idealismo, han impregnado a esa variedad que Max Adler representaba de una cualidad nauseabunda y repulsiva.

Rudolf Hilferding, vienés como los demás, ingresó en el Partido Socialdemócrata alemán casi como un amotinado, pero como un amotinado de cuño austriaco, es decir, siempre dispuesto a capitular sin luchar.

Hilferding tomó la movilidad externa y el bullicio de la política austriaca en la que se había criado por iniciativa revolucionaria; y durante una docena redonda de meses exigió —cierto que en los términos más moderados— una política más inteligente por parte de los dirigentes de la socialdemocracia alemana.

Pero el bullicio austro-vienés desapareció rápidamente de su propia naturaleza. Pronto quedó subyugado por el ritmo mecánico de Berlín y la vida espiritual automática de la socialdemocracia alemana.

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