Noske aplasta a los comunistas, pero estos crecen. Nosotros hemos suprimido a los mencheviques y a los eseristas, y han desaparecido. Este criterio nos basta. Sea como fuere, nuestro problema no consiste en medir estadísticamente en cada momento dado la agrupación de tendencias, sino en garantizar la victoria de nuestra tendencia. Porque esa tendencia es la de la dictadura revolucionaria; y en el curso de esta última, en su fricción interna, debemos encontrar un criterio suficiente para el autoexamen.
La continua «independencia» del movimiento sindical, en el período de la revolución proletaria, es una imposibilidad tan grande como la política de coalición.
Los sindicatos se convierten en los órganos económicos más importantes del proletariado en el poder. Con ello, caen bajo la dirección del Partido Comunista.
No solo las cuestiones de principio en el movimiento sindical, sino también los conflictos de organización graves dentro del mismo, son decididos por el Comité Central de nuestro partido.
Los kautskianos atacan al Gobierno soviético calificándolo de dictadura de una «sección» de la clase obrera. «¡Si al menos —dicen— la dictadura fuera ejercida por toda la clase!» No es fácil comprender qué se imaginan en realidad cuando dicen esto. La dictadura del proletariado, en su misma esencia, significa la supremacía inmediata de la vanguardia revolucionaria, la cual se apoya en las masas pesadas y, cuando es necesario, obliga a la retaguardia atrasada a alinearse con la cabeza. Esto se refiere también a los sindicatos. Tras la conquista del poder por el proletariado, adquieren un carácter obligatorio. Deben incluir a todos los