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Terrorismo y Comunismo

El 3 de mayo, el Comité Central envió diputados a la Comuna exigiendo que el Ministerio de Guerra fuera puesto bajo su control. Nuevamente surgió, como escribe Lissagaray, la cuestión de si «el Comité Central debía ser disuelto, o arrestado, o se le debía confiar la administración del Ministerio de Guerra».

He aquí que se trataba no de los principios de la democracia, sino de la ausencia, por parte de ambos bandos, de un programa de acción claro, y de la disposición, tanto de las organizaciones revolucionarias irresponsables personificadas en el Comité Central como de la organización «democrática» de la Comuna, a echarse la responsabilidad la una a la otra sobre los hombros, al tiempo que no renunciaban por completo al poder.

Eran unas relaciones políticas que podría parecer que nadie calificaría de dignas de imitación.

“Pero el Comité Central”, se consuela Kautsky, “nunca intentó conculcar el principio en virtud del cual el poder supremo debe pertenecer a los delegados elegidos por sufragio universal. A este respecto, la Comuna de París fue la antítesis directa de la República Soviética”. (Página 74)

No había unidad de gobierno, no había decisión revolucionaria, existía una división de poderes y, como resultado, sobrevino una destrucción rápida y terrible. Pero para compensar esto —¿no resulta acaso reconfortante?— no hubo ninguna conculcación del “principio” de la democracia.

# La Comuna Democrática y la Dictadura Revolucionaria

El camarada Lenin ya ha señalado a Kautsky que los intentos de presentar a la Comuna como la expresión de la democracia formal constituyen una estafa teórica absoluta.

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