Los mencheviques no solo atacaron la militarización del trabajo, sino también el servicio laboral general. Rechazan estos métodos por considerarlos «coactivos». Predican que el servicio laboral general implica una baja productividad del trabajo, mientras que la militarización significa una dispersión sin sentido de la fuerza de trabajo.
“El trabajo obligatorio es siempre trabajo improductivo”, tal es la frase exacta de la resolución menchevique. Esta afirmación nos lleva de lleno a la esencia misma de la cuestión. Pues, como vemos, la cuestión no radica en absoluto en si es prudente o imprudente declarar militarizada esta o aquella fábrica, ni en si resulta útil o no dotar al tribunal revolucionario militar de poderes para castigar a los obreros corrompidos que roban materiales e instrumentos, tan preciosos para nosotros, o que sabotean su trabajo. No, los mencheviques han ido mucho más allá en la cuestión. Al afirmar que el trabajo obligatorio es siempre improductivo, intentan con ello cortar la hierba bajo los pies de nuestra reconstrucción económica en la presente época de transición. Pues está fuera de toda duda que pasar de la anarquía burguesa a la economía socialista sin una dictadura revolucionaria y sin formas obligatorias de organización económica es imposible.
En el primer párrafo de la resolución menchevique se nos dice que estamos viviendo en el período de transición del método capitalista de producción al socialista.
¿Qué significa esto? Y, ante todo, ¿de dónde sale esto? ¿Desde cuándo ha sido esto admitido por nuestros kautskianos?
Nos acusaron —y esto constituía el fundamento de nuestras diferencias— de utopismo socialista; declararon —y esto constituía la esencia de su