que son administrados. Es en tales cosas donde puede expresarse la independencia de
Y si la clase obrera, partiendo de los fundamentos de su existencia, llega a través de sus congresos, su partido soviético y su sindicato, a la conclusión de que es mejor poner a una sola persona al frente de una fábrica y no a un consejo, está tomando una decisión dictada por la independencia de la clase obrera.
Puede ser correcta o incorrecta desde el punto de vista de la técnica de la administración, pero no le es impuesta al proletariado, sino que está dictada por su propia voluntad y deseo.
Constituiría, por consiguiente, un gravísimo error confundir la cuestión de la supremacía del proletariado con la cuestión de los consejos de obreros al frente de las fábricas.
La dictadura del proletariado se expresa en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, en la supremacía sobre todo el mecanismo soviético de la voluntad colectiva de los trabajadores, y no en absoluto en la forma en que se administran las empresas económicas individuales.
Aquí es necesario responder a otra acusación dirigida contra los defensores del principio de mando unipersonal. Nuestros oponentes dicen:
“Este es el intento de los militaristas soviéticos de trasladar su experiencia en la esfera militar a la esfera de la economía. Posiblemente en el ejército el principio de mando unipersonal sea satisfactorio, pero no se adapta a la labor económica”.
Tal crítica es incorrecta en todos los sentidos.