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Terrorismo y Comunismo

mineral en bruto. Los Urales abastecían el 20 por ciento restante del mineral y el 4 por ciento del carbón. Ambas regiones, durante la guerra civil, quedaron separadas de nosotros. Nos vimos privados de quinientos millones de puds de carbón importados del extranjero. Simultáneamente, nos quedamos sin petróleo: los yacimientos petrolíferos, todos y cada uno, pasaron a manos de nuestros enemigos.

Hay que tener una jeta de bronce para hablar, ante estos hechos, de la influencia destructiva de una socialización «prematura», «bárbarora», etc.

Una industria que carece por completo de combustible y materias primas —ya pertenezca esa industria a un trust capitalista o al Estado obrero, ya estén sus fábricas socializadas o no—, sus chimeneas no echarán humo en ningún caso sin carbón ni petróleo.

Algo se podría aprender sobre esto, por ejemplo, en Austria; y a fin de cuentas, en la propia Alemania.

Una fábrica de tejidos administrada según los mejores métodos kautskianos —si es que admitimos que algo en absoluto puede ser administrado por métodos kautskianos, excepto el propio tintero— no producirá estampados si no se le suministra algodón. Y nosotros nos vimos privados simultáneamente tanto del algodón de Turkestán como del estadounidense. Además, como ya se ha señalado, no teníamos combustible.

Por supuesto, el bloqueo y la guerra civil fueron el resultado de la revolución proletaria en Rusia. Pero de ello no se deduce en absoluto que la terrible devastación causada por el bloqueo anglo-americano-francés y las campañas de rapiña de Kolchak y Denikin deba achacarse al descrédito de los métodos soviéticos de organización económica.

La guerra imperialista que precedió a la revolución, con sus exigencias materiales y técnicas que todo lo devoraban, impuso a nuestra joven

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