Sin entrar en la cuestión de si el terrorismo «como tal» es «inmanente» a la revolución «como tal», consideremos algunas de las revoluciones tal como desfilan ante nosotros en la historia viva de la humanidad.
Consideremos primero la Reforma religiosa, que resultó ser la divisoria de aguas entre la Edad Media y la historia moderna: cuanto más profundos eran los intereses de las masas que involucraba, más amplio era su alcance, más ferozmente se desarrollaba la guerra civil bajo la bandera religiosa y más despiadado se volvía el terror por el otro lado.
En el siglo XVII, Inglaterra llevó a cabo dos revoluciones. La primera, que acarreó grandes conmociones sociales y guerras, trajo consigo, entre otras cosas, la ejecución del rey Carlos I, mientras que la segunda terminó felizmente con la ascensión de una nueva dinastía. La burguesía británica y sus historiadores mantienen actitudes muy diferentes hacia estas dos revoluciones: * la primera es para ellos un levantamiento de la chusma: la «Gran Rebelión»; * la segunda ha pasado a la posteridad bajo el título de la «Revolución Gloriosa». El motivo de esta diferencia de valoración fue explicado por el historiador francés Augustin Thierry. En la primera revolución inglesa, en la «Gran Rebelión», la fuerza activa fue el pueblo; mientras que en la segunda fue casi «silenciosa». De ahí se deduce que, en un entorno de esclavitud de clases, es difícil enseñarle buenos modales a las masas oprimidas. Cuando son incitadas a la furia, utilizan garrotes, piedras, fuego y la soga. > Los historiadores cortesanos de los explotadores se sienten