No es verdad que en el ejército comenzáramos con el principio unipersonal: aún hoy estamos muy lejos de haberlo adoptado por completo.
Tampoco es verdad que, en defensa de las formas unipersonales de administración de nuestras empresas económicas con la atracción de expertos, nos basáramos únicamente en nuestra experiencia militar.
En realidad, en esta cuestión nos basamos, y seguimos haciéndolo, en puntos de vista puramente marxistas sobre los problemas revolucionarios y las tareas creativas del proletariado cuando este ha tomado el poder en sus propias manos.
La necesidad de utilizar el conocimiento y los métodos técnicos acumulados en el pasado, la necesidad de atraer a expertos y de utilizarlos a gran escala, de tal manera que nuestra técnica no retrocediera sino que avanzara: todo esto fue comprendido y reconocido por nosotros, no sólo desde el mismo comienzo de la revolución, sino incluso mucho antes de octubre.
Considero que si la guerra civil no hubiera despojado a nuestros órganos económicos de todo lo que tenían de más fuerte, de más independiente, de más dotado de iniciativa, sin duda habríamos entrado en la vía de la dirección unipersonal en la esfera de la administración económica mucho antes y de forma mucho menos dolorosa.
Algunos camaradas consideran el aparato de administración industrial ante todo como una escuela. Esto es, por supuesto, absolutamente erróneo. La tarea de la administración es administrar. Si un hombre desea y es capaz de aprender a administrar, que vaya a la escuela, a los cursos especiales de instrucción: que vaya como ayudante, observando y adquiriendo experiencia; pero el hombre que es nombrado para dirigir una fábrica no va a la escuela, sino a un puesto responsable de administración económica.