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Terrorismo y Comunismo

En la Rusia central, en Moscú, el conde Mirbach, desde el primer día de su llegada, se erigió en el centro de las conspiraciones contrarrevolucionarias contra el Gobierno soviético, tal como el camarada Iofe, en Berlín, estuvo en el contacto más estrecho posible con la revolución.

El grupo de extrema izquierda del movimiento revolucionario alemán, el partido de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, marchó todo el tiempo de la mano con nosotros.

La revolución alemana adoptó inmediatamente la forma de los Soviets, y el proletariado alemán, a pesar de la Paz de Brest, no abrigó ni por un momento la menor duda acerca de si estábamos con Liebknecht o con Ludendorff.

En su declaración ante la Comisión del Reichstag en noviembre de 1919, Ludendorff explicó cómo «el Alto Mando exigió la creación de una institución con el objeto de revelar la conexión de las tendencias revolucionarias en Alemania con Rusia. Ioffe llegó a Berlín y en varias ciudades se establecieron consulados rusos. Esto trajo las consecuencias más dolorosas para el ejército y la marina».

Kautsky, sin embargo, tiene la audacia de escribir que «si los acontecimientos desembocaron en una revolución alemana, ciertamente no son los bolcheviques los responsables de ella». (Página 162)

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