El hombre que reconoce la importancia histórica revolucionaria del hecho mismo de la existencia del sistema soviético debe sancionar también el Terror Rojo.
Kautsky, quien durante los últimos dos años ha cubierto montañas de papel con polémicas contra el comunismo y el terrorismo, se ve obligado, al final de su panfleto, a reconocer los hechos y a admitir inesperadamente que el Gobierno soviético ruso es hoy el factor más importante de la revolución mundial.
«Independientemente de cómo se consideren los métodos bolcheviques —escribe—, el hecho de que un gobierno proletario en un país grande no solo haya alcanzado el poder, sino que lo haya retenido durante dos años hasta el presente, en medio de grandes dificultades, aumenta extraordinariamente el sentimiento de poder entre el proletariado de todos los países. Con esto, los bolcheviques han llevado a cabo una gran obra para la revolución real: grosses geleistet.» (Página 233)
Este anuncio nos pasma como un reconocimiento de la verdad histórica totalmente inesperado de parte de un sector de donde hacía ya mucho tiempo que habíamos dejado de aguardarlo.
Los bolcheviques han cumplido una gran tarea histórica al existir durante dos años frente al mundo capitalista unido. Pero los bolcheviques resistieron no solo mediante las ideas, sino mediante la espada.
La admisión de Kautsky es una sanción involuntaria de los métodos del Terror Rojo y, al mismo tiempo, la condena más eficaz de su propio brebaje crítico.