En las severas sanciones adoptadas en el caso de los intelectuales, nuestro idealista burgués ve la «consecuencia de una política que se esforzó por atraer a las clases cultas, no por medio de la persuasión, sino por medio de patadas por delante y por detrás». (Página 193)
De este modo, Kautsky se imagina seriamente que es posible atraer a la intelectualidad burguesa hacia la obra de la construcción socialista mediante la mera persuasión, y esto en condiciones en que, en todos los demás países, sigue imperando la burguesía, la cual no vacila ante ningún método para aterrorizar, halagar o comprar a la intelectualidad rusa y convertirla en un arma para transformar a Rusia en una colonia de esclavos.
En vez de analizar el curso de la lucha, Kautsky, al tratar de la intelectualidad, da una vez más meras recetas académicas. Es absolutamente falso que nuestro partido tuviera la idea de arreglárselas sin la intelectualidad, sin darse cuenta plenamente de su importancia para el trabajo económico y cultural que teníamos por delante. Al contrario.
Cuando la lucha por la conquista y consolidación del poder estaba en pleno apogeo, y