Petrogrado o Moscú. Si el asunto hubiera terminado ahí, no se habría hablado del Terror Rojo. Pero en noviembre de 1917 ya se manifestaban los indicios del comienzo de la resistencia de las clases propietarias. > Cierto es que se requirió la intervención de los gobiernos imperialistas de Occidente para infundir confianza en sí misma a la contrarrevolución rusa y dotar de un poder cada vez mayor a su resistencia. Esto puede demostrarse mediante hechos, tanto importantes como insignificantes, día tras día durante toda la época
El «Estado Mayor» de Kérenski no sentía que el grueso de los soldados le brindara apoyo alguno, y se inclinaba por reconocer al Gobierno soviético, que había iniciado negociaciones para un armisticio con los alemanes.
Pero a esto le siguió la protesta de las misiones militares de la Entente, seguida de amenazas abiertas. El Estado Mayor se asustó; incitado por los oficiales «aliados», emprendió el camino de la oposición. Esto condujo a un conflicto armado y al asesinato del jefe del Estado Mayor de campaña, el general Dujonin, a manos de un grupo de marineros revolucionarios.
En Petrogrado, los agentes oficiales de la Entente, especialmente la Misión Militar Francesa, mano a mano con los socialrevolucionarios y los mencheviques, organizaron abiertamente la oposición, movilizando, armando e incitando contra nosotros a los cadetes y a la juventud burguesa en general, desde el segundo día de la revolución soviética.
El levantamiento de los junkers el 10 de noviembre causó cien veces más víctimas que la revolución del 7 de noviembre.
La campaña de los aventureros Kerenski y Krasnov contra Petrogrado, organizada al mismo tiempo por la Entente, introdujo naturalmente en la lucha los primeros elementos de salvajismo.
A pesar de ello, el general Krasnov fue puesto en libertad bajo su palabra de honor.