En realidad, lo cierto es que amplias masas del campesinado sufren por la ausencia de los productos esenciales de la industria. Pero es igualmente cierto que cualquier otro régimen —y no fueron pocos, en varias partes de Rusia, durante los últimos tres años— resultó infinitamente más opresivo para las espaldas del campesinado.
Ni los gobiernos monárquicos ni los democráticos fueron capaces de aumentar sus reservas de productos manufacturados. Ambos se vieron en la necesidad de obtener el grano y los caballos del campesino.
Para llevar a cabo su política, los gobiernos burgueses —incluida la variedad kautskiano-menchevique— hicieron uso de un aparato puramente burocrático, que toma en cuenta las necesidades de la granja del campesino en un grado infinitamente menor que el aparato soviético, el cual está compuesto por obreros y campesinos.
Como resultado, el campesino medio, a pesar de sus vacilaciones, su descontento y hasta sus levantamientos, llega en última instancia siempre a la conclusión de que, por muy difícil que le resulte en el presente bajo los bolcheviques, bajo cualquier otro régimen le resultaría infinitamente más difícil.
Es muy cierto que a la Comuna se le "escatimó" el apoyo campesino. Pero, a cambio, a la Comuna no se le escatimó la aniquilación por los ejércitos campesinos de Thiers, mientras que nuestro ejército, compuesto en sus cuatro quintas partes por campesinos, lucha con entusiasmo y con éxito por la República Soviética. Y este único hecho, que refuta a Kautsky y a quienes le inspiran, emite el mejor veredicto posible sobre la política campesina del Gobierno Soviético.