Elaborar métodos para su registro exacto, su movilización, distribución y aplicación productiva significa resolver prácticamente el problema de la construcción económica. Este es un problema para toda una época; un problema gigantesco. Su dificultad se ve intensificada por el hecho de que tenemos que reconstruir el trabajo sobre bases socialistas en condiciones de una pobreza hasta ahora desconocida y de una miseria aterradora.
Cuanto más gastado está nuestro parque de maquinaria, más desorganizados se vuelven nuestros ferrocarriles, cuantas menos esperanzas nos quedan de recibir máquinas en una medida significativa del extranjero en un futuro próximo, mayor es la importancia que adquiere la cuestión de la fuerza de trabajo viva. A primera vista parecería que abunda. ¿Pero cómo vamos a disponer de ella? ¿Cómo vamos a aplicarla? ¿Cómo vamos a organizarla productivamente? Ya con la limpieza de los ventisqueros en las vías férreas, nos enfrentamos a dificultades muy grandes. Era absolutamente imposible superar esas dificultades mediante la compra de fuerza de trabajo en el mercado, con el insignificante poder adquisitivo actual del dinero y en la más absoluta ausencia de productos manufacturados. Nuestras necesidades de combustible no pueden satisfacerse, ni siquiera parcialmente, sin una aplicación masiva, a una escala hasta ahora desconocida, de fuerza de trabajo para las labores en madera, combustible, turba y pizarra combustible. La guerra civil ha causado estragos en nuestros ferrocarriles, nuestros puentes, nuestros edificios, nuestras estaciones. Necesitamos de inmediato decenas y cientos de miles de manos para restablecer el orden en todo esto.