en la política del país mediante la elección de diputados perteneció al principio únicamente a los propietarios más o menos grandes, y solo se fue extendiendo gradualmente a los ciudadanos de menor fortuna, hasta que finalmente, en algunos países, pasó de ser un privilegio a convertirse en el derecho universal de todo el
“En la sociedad burguesa, cuanto más considerable es la cantidad de riqueza social, tanto menor es el número de individuos por quienes es apropiada. Lo mismo ocurre con el poder: a medida que aumenta la masa de ciudadanos que poseen derechos políticos y aumenta el número de gobernantes elegidos, el poder real se concentra y se convierte en el monopolio de un grupo cada vez más pequeño de individuos”.
Tal es el secreto de la mayoría.
Para el marxista Lafargue, el parlamentarismo subsiste mientras subsista la supremacía de la burguesía.
«El día —escribe Lafargue— en que el proletariado de Europa y América se apodere del Estado, tendrá que organizar un gobierno revolucionario y gobernar la sociedad en calidad de dictadura, hasta que la burguesía haya desaparecido como clase.»
Kautsky en su tiempo conoció esta estimación marxista del parlamentarismo, y más de una vez la repitió él mismo, aunque sin esa agudeza y lucidez galas. La apostasía teórica de Kautsky radica precisamente en este punto: al haber reconocido el principio de la democracia como absoluto y eterno, ha retrocedido desde la dialéctica materialista hasta el derecho natural. Aquello que fue denunciado por el marxismo como el mecanismo pasajero de la burguesía, y que fue sometido únicamente a una