Esto, sin embargo, no excluye el elemento de coacción en todas sus formas, tanto las más suaves como las extremadamente severas. El elemento de coacción estatal no solo no desaparece de la escena histórica, sino que, por el contrario, seguirá desempeñando, durante un período considerable, un papel extremadamente prominente.
Como regla general, el hombre se esfuerza por evitar el trabajo. El amor por el trabajo no es en absoluto una característica innata: es creado por la presión económica y la educación social.
Se puede decir incluso que el hombre es un animal bastante perezoso. En realidad, sobre esta cualidad se funda en gran medida todo el progreso humano; porque si el hombre no se esforzara por gastar su energía económicamente, no buscara recibir la mayor cantidad posible de productos a cambio de una pequeña cantidad de energía, no habría existido el desarrollo técnico ni la cultura social.
Parecería entonces, desde este punto de vista, que la pereza humana es una fuerza progresista. El viejo Antonio Labriola, el marxista italiano, solía incluso imaginar al hombre del futuro como un «genio feliz y perezoso».
No debemos, sin embargo, sacar la conclusión de que el partido y los sindicatos deban propagar esta cualidad en su agitación como un deber moral. No, no. Ya tenemos bastante con la que hay.
El problema que se le plantea a la organización social es precisamente el de encuadrar la «pereza» dentro de unos límites definidos, disciplinarla y agrupar a la humanidad con la ayuda de métodos y medidas inventados por la propia humanidad.
# Servicio de Trabajo Obligatorio
La clave de la organización económica es la fuerza de trabajo, calificada, elementalmente capacitada, semicalificada, no capacitada o no calificada.