En las cuestiones relativas a las comunas agrícolas y las granjas soviéticas, también podían encontrarse no pocas «contradicciones», en las cuales, junto con errores individuales, se expresan varias etapas de la revolución.
¿Qué cantidad de tierra se reservará el Estado soviético en Ucrania y qué cantidad entregará a los campesinos; qué política establecerá para las comunas agrícolas; en qué forma les brindará apoyo, para no convertirlas en un criadero de parasitismo; en qué forma debe organizarse el control sobre ellas... todos estos son problemas absolutamente nuevos de la construcción económica socialista, que no han sido resueltos de antemano ni teórica ni prácticamente, y en cuya resolución los principios generales de nuestro programa aún tienen que encontrar su aplicación real y su comprobación en la práctica, mediante inevitables desviaciones temporales hacia la derecha o hacia la izquierda.
Pero incluso el hecho mismo de que el proletariado ruso haya encontrado apoyo en el campesinado lo vuelve Kautsky contra nosotros.
“Esto ha introducido en el régimen soviético un elemento económicamente reaccionario del que se vio libre (!) la Comuna de París, ya que su dictadura no se apoyaba en Sóviets de campesinos.”
Como si en realidad pudiéramos aceptar la herencia del orden feudal y burgués con la posibilidad de excluir de ella a voluntad «¡un elemento económicamente reaccionario»!
Y esto no es todo. Tras haber envenenado al régimen soviético con su «elemento reaccionario», el campesinado nos ha privado de su apoyo. Hoy «odia» a los bolcheviques. Todo esto lo sabe Kautsky con total certeza gracias a las radios de Clemenceau y a los libelos de los mencheviques.