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Terrorismo y Comunismo

rastro.

El Ministerio de la Guerra de la Comuna era, en expresión de un escritor, por así decirlo, una habitación oscura en la que todos chocaban.

La oficina del ministerio estaba llena de oficiales y guardias rasos que exigían suministros militares y comida, y se quejaban de que no los relevaban. Eran enviados a la guarnición.

“One battalion remained in the trenches for 20 and 30 days, while others were constantly in reserve ... This carelessness soon killed any discipline. Courageous men soon determined to rely only on themselves; others avoided service. In the same way did officers behave. One would leave his post to go to the help of a neighbor who was under fire; others went away to the city. (Lavrov, page 100)

Tal régimen no podía quedar sin castigo; la Comuna fue ahogada en sangre. Pero a este respecto Kautsky tiene una solución maravillosa.

«Hacer la guerra», dice, negando con la cabeza con aire sapiente, «no es, a fin de cuentas, el fuerte del proletariado». (Página 76)

Este aforismo, digno de Pangloss, está completamente a la altura de la otra gran ocurrencia de Kautsky, a saber, que la Internacional no es un arma adecuada para ser utilizada en tiempos de guerra, ya que es en esencia un «instrumento de paz».

En estos dos aforismos, en realidad, puede encontrarse al Kautsky actual, completo, en su integridad, es decir, convertido poco más o menos en un cero a la izquierda.

Hacer la guerra, ya ven ustedes, no es, por lo general, un punto fuerte del proletariado, tanto más cuanto que la propia Internacional no fue creada para tiempos de guerra.

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