la oposición abierta al Gobierno soviético; en realidad, hacia la vía de la asistencia a los asesinos mundiales de la Rusia soviética. Es el destino del kautskianismo tratar de ayudar a la revolución proletaria cuando esta se encuentra en circunstancias favorables, y levantar toda clase de obstáculos en su camino cuando más necesita ayuda. Kautsky ha predicho más de una vez nuestra destrucción, la cual debe servir como la mejor prueba de su rectitud teórica, la de Kautsky. En su caída, este «sucesor de Marx» ha llegado a una etapa en la que su único programa político serio consiste en especulaciones sobre el colapso de la dictadura proletaria.
Volverá a equivocarse. La destrucción de la Polonia burguesa por el Ejército Rojo, guiado por los obreros comunistas, aparecerá como una nueva manifestación del poder de la dictadura proletaria, y asestará con ello un golpe aplastante al escepticismo burgués (el kautskianismo) en el movimiento obrero.
A pesar de la loca confusión de formas externas, consignas y apariencias, la historia ha simplificado enormemente el sentido fundamental de su propio proceso, reduciéndolo a una lucha del imperialismo contra el comunismo.
Pilsudski lucha no solo por las tierras de los magnates polacos en Ucrania y en la Rusia Blanca, no solo por la propiedad capitalista y por la Iglesia católica, sino también por la democracia parlamentaria y por el socialismo evolucionista, por la Segunda Internacional y por el derecho de Kautsky a seguir siendo un parásito crítico de la burguesía.
Nosotros luchamos por la Internacional Comunista y por la revolución proletaria internacional.
Lo que está en juego es grande en ambos bandos. La lucha será obstinada y dolorosa. Confiamos en la victoria, porque nos asiste todo el derecho histórico para ello.