la mayoría de la intelectualidad desempeñaba el papel de batallón de choque de la burguesía, luchando contra nosotros abiertamente o saboteando nuestras instituciones, el poder soviético combatió sin piedad a los expertos, precisamente porque conocía su enorme importancia desde el punto de vista de la organización, siempre y cuando no intentaran llevar a cabo una política «democrática» independiente y cumplieran las órdenes de una de las clases fundamentales de la sociedad.
Solo después de que la oposición de la intelectualidad hubo sido quebrantada por una dura lucha se abrió ante nosotros la posibilidad de recabar la ayuda de los expertos.
Inmediatamente entramos por ese camino. No resultó tan sencillo como podría haber parecido a primera vista. Las relaciones que existían bajo las condiciones capitalistas entre el trabajador y el director, el empleado y el gerente, el soldado y el oficial, dejaron tras de sí una desconfianza de clase muy profunda hacia los expertos; y esa desconfianza se había vuelto aún más aguda durante el primer período de la guerra civil, cuando la intelectualidad hizo todo lo posible para quebrantar la revolución obrera mediante el hambre y el frío.