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Terrorismo y Comunismo

La afirmación de que exigimos la paz sin contar con el efecto que tendría en la situación internacional es un eco tardío de las calumnias de los demócratas constitucionalistas y de los mencheviques.

La comparación de nosotros con los nacionalistas germanófilos de la India y de Irlanda busca su justificación en el hecho de que el imperialismo alemán intentó realmente servirse de nosotros, al igual que de los indios y los irlandeses. Pero los chovinistas de Francia no escatimaron esfuerzos para utilizar a Liebknecht y a Luxemburgo —e incluso a Kautsky y a Bernstein— en su propio beneficio.

Todo el problema reside en lo siguiente: ¿nos dejamos utilizar? ¿Dimos, con nuestra conducta, a los obreros europeos ni la más mínima sombra de motivo para colocarnos en la misma categoría que el imperialismo alemán?

Basta con recordar el curso de las negociaciones de Brest [1], su ruptura y el avance alemán de febrero de 1918 para poner de manifiesto todo el cinismo de la acusación de Kautsky.

En realidad, no hubo paz ni por un solo día entre nosotros y el imperialismo alemán. En los frentes de Ucrania y del Cáucaso, nosotros, en la medida de nuestras por entonces sumamente débiles energías, seguimos librando la guerra sin llamarla abiertamente tal.

Éramos demasiado débiles para organizar la guerra en todo el frente ruso-alemán. Mantuvimos persistentemente la ficción de la paz, aprovechando el hecho de que las principales fuerzas alemanas habían sido desviadas hacia el oeste.

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