Escuchemos, sin embargo, lo que Kautsky tiene que decir a este respecto.
«La justificación de este sistema (es decir, las represiones en relación con la prensa) se reduce a la ingenua idea de que existe una verdad absoluta (!) y de que solo los comunistas la poseen (!). Del mismo modo —continúa Kautsky—, se reduce a otro punto de vista, a saber, que todos los escritores son por naturaleza mentirosos (!) y que solo los comunistas son fanáticos de la verdad (!). En realidad, hay mentirosos y fanáticos de lo que consideran la verdad en todos los bandos». Y así sucesivamente, y así sucesivamente, y así sucesivamente.
(Página 176)
De este modo, a los ojos de Kautsky, la revolución, en su fase más aguda, cuando se trata de la vida y muerte de las clases, continúa siendo como hasta ahora una discusión literaria con el objeto de establecer... la verdad.
¡Qué profundidad!... Nuestra «verdad», por supuesto, no es absoluta. Pero como en su nombre estamos vertiendo nuestra sangre en el momento presente, no tenemos ni el motivo ni la posibilidad de entablar una discusión literaria sobre la relatividad de la verdad con aquellos que nos «critican» con la ayuda de todas las formas de armas.
De igual modo, nuestro problema no es castigar a los mentirosos y alentar a los justos entre los periodistas de todas las tendencias de opinión, sino estrangular la mentira de clase de la burguesía y lograr la verdad de clase del proletariado, sin importar el hecho de que en ambos bandos haya fanáticos y mentirosos.