Porque el prejuicio bolchevique fundamental es precisamente este: que uno solo aprende a montar a caballo cuando está sentado sobre el caballo.
En lo que respecta a la conducción de la locomotora, este principio a primera vista no es tan evidente; pero no por ello deja de estar ahí.
Nadie ha aprendido todavía a conducir una locomotora sentado en su estudio. Hay que subirse a la máquina, tomar posición en el ténder, asir el regulador con las manos y girarlo.
- Es verdad que la máquina permite maniobras de aprendizaje únicamente bajo la guía de un viejo maquinista.
- El caballo permite la instrucción en la escuela de equitación únicamente bajo la guía de entrenadores experimentados.
Pero en la esfera de la administración del Estado no se pueden crear tales condiciones artificiales. La burguesía no construye para el proletariado academias de administración estatal, ni pone a su disposición, para la práctica preliminar, el timón del Estado. Y, además, los obreros y los campesinos aprenden incluso a montar a caballo no en la escuela de equitación, y sin la asistencia de entrenadores.
A esto debemos añadir otra consideración, tal vez la más importante. Nadie le da al proletariado la oportunidad de elegir si montará o no a caballo, si tomará el poder inmediatamente o pospondrá el momento. Bajo ciertas condiciones, la clase trabajadora está obligada a tomar el poder, bajo la amenaza de la autodestrucción política durante todo un periodo histórico.
Una vez tomado el poder, es imposible aceptar a voluntad un conjunto de consecuencias y negarse a aceptar otras. Si la burguesía capitalista transforma consciente y malignamente la desorganización de la producción en un método de lucha política, con el objeto de restituirse el poder, el proletariado se ve obligado a recurrir a la Socialización,