a los obreros de la Austrogermania. Desde la perspectiva de este criterio llevamos a cabo nuestras negociaciones de paz con los Imperios Centrales, y desde la misma perspectiva redactamos nuestras notas a los gobiernos de la Entente.
Alargamos las negociaciones tanto como pudimos, a fin de dar a las masas trabajadoras europeas la posibilidad de comprender el significado del Gobierno soviético y de su política.
La huelga de enero de 1918 en Alemania y Austria demostró que nuestros esfuerzos no habían sido en vano. Esa huelga fue el primer presagio serio de la Revolución alemana.
Los imperialistas alemanes comprendieron entonces que éramos precisamente nosotros quienes representábamos para ellos un peligro mortal. Esto se muestra de manera muy llamativa en el libro de Ludendorff.
Es verdad que ya no podían arriesgarse a lanzarse contra nosotros en una cruzada abierta. Pero donde podían luchar contra nosotros en secreto, engañando a los obreros alemanes con la ayuda de la socialdemocracia alemana, lo hacían: en Ucrania, en el Don, en el Cáucaso.