obreros industriales. El partido, por el contrario, como antes, incluye en sus filas únicamente a los más conscientes de su clase y devotos; y solo mediante un proceso de cuidadosa selección amplía sus filas. De aquí se deriva el papel dirigente de la minoría comunista en los sindicatos, que responde a la supremacía del Partido Comunista en los Sóviets y representa la expresión política de la dictadura del proletariado.
Los sindicatos se convierten en los organizadores directos de la producción social. Expresan no solo los intereses de los trabajadores industriales, sino los intereses de la propia industria.
Durante el primer período, las viejas corrientes del sindicalismo levantaron más de una vez la cabeza, instando a los sindicatos a regatear con el Estado soviético, a fijarle condiciones y a exigirle garantías.
Cuanto más avanzamos, sin embargo, más reconocen los sindicatos que son órganos de producción del Estado soviético y asumen la responsabilidad de sus destinos, sin oponerse a él, sino identificándose con él.
Los sindicatos se convierten en los organizadores de la disciplina laboral. Exigen a los trabajadores un trabajo intensivo en las condiciones más difíciles, en la medida en que el Estado obrero aún no es capaz de alterar dichas condiciones.
Los sindicatos se convierten en el aparato de represión revolucionaria contra los elementos indisciplinados, anárquicos y parasitarios de la clase trabajadora.
De la vieja política del sindicalismo, que en una determinada etapa es inseparable del movimiento industrial en el marco de la sociedad capitalista, los sindicatos pasan a lo largo de toda la línea al nuevo camino de la política del comunismo revolucionario.