La creación de la sociedad socialista significa la organización de los trabajadores sobre nuevos fundamentos, su adaptación a esos fundamentos y su reeducación laboral, con el único e invariable fin del incremento en la productividad del trabajo.
La clase trabajadora, bajo la dirección de su vanguardia, debe reeducarse a sí misma sobre los fundamentos del socialismo. Quien no haya comprendido esto ignora el ABC de la construcción socialista.
¿Qué métodos tenemos, pues, para la reeducación de los trabajadores?
Infinitamente más amplios que los de la burguesía y, además, métodos honestos, directos, abiertos, no infectados ni por la hipocresía ni por la mentira.
La burguesía tuvo que recurrir al engaño, presentando su trabajo como libre, cuando en realidad no era meramente impuesto por la sociedad, sino verdaderamente trabajo esclavo. Pues era el trabajo de la mayoría en interés de la minoría.
Nosotros, por el contrario, organizamos el trabajo en interés de los propios trabajadores y, por lo tanto, no podemos tener motivos para ocultar o enmascarar el carácter socialmente obligatorio de nuestra organización del trabajo.
No necesitamos los cuentos de hadas ni de los sacerdotes, ni de los liberales, ni de los kautskianos. Decimos directa y abiertamente a las masas que solo pueden salvar, reconstruir y llevar a una condición floreciente un país socialista mediante el trabajo duro, la disciplina indiscutible y la exactitud en la ejecución por parte de cada trabajador.
El principal de nuestros recursos es la influencia moral: la propaganda no solo de palabra, sino de obra. El servicio de trabajo general tiene un carácter obligatorio; pero esto no significa en absoluto que represente una violencia cometida contra la