colgar a un comunista de la rama de un árbol que convertirlo con un libro de Kautsky.
Estos caballeros no tienen ningún miedo supersticioso, ni a los principios de la democracia ni a las llamas del infierno; tanto más cuanto que los sacerdotes de la iglesia y de la ciencia oficial actúan en colusión con ellos, y descargan sus truenos combinados exclusivamente sobre las cabezas de los bolcheviques.
Los guardias blancos rusos se parecen a los alemanes y a todos los demás guardias blancos en este aspecto: que no se les puede convencer ni avergonzar, sino únicamente aterrorizar o aplastar.
El hombre que repudia el terrorismo en principio —es decir, que repudia las medidas de represión y de intimidación hacia la contrarrevolución decidida y armada— debe rechazar toda idea de supremacía política de la clase trabajadora y de su dictadura revolucionaria.
El hombre que repudia la dictadura del proletariado repudia la revolución socialista y cava la tumba del socialismo.
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En la actualidad, Kautsky carece de toda teoría de la revolución social. Cada vez que intenta generalizar sus calumnias contra la revolución y la dictadura del proletariado, no produce más que un réchauffé de los prejuicios del jauresismo y del bernsteinismo.
“La revolución de 1789 —escribe Kautsky— puso fin por sí misma a las causas más importantes que le imprimieron su carácter áspero y violento, y preparó el camino para formas más benignas de la futura revolución”. (Página 140) [Nota del traductor – Por conveniencia, las referencias se han modificado en todo el texto para coincidir con la traducción al inglés del libro de Kautsky. No obstante, no se ha seguido la traducción del señor Kerridge.]