tanto, lo que el obrero asalariado se apropia por medio de su trabajo basta tan solo para prolongar y reproducir una existencia desnuda. No pretendemos en modo alguno abolir esta apropiación personal de los productos del trabajo, una apropiación que se realiza para el mantenimiento y la reproducción de la vida humana, y que no deja ningún excedente con el cual disponer del trabajo ajeno. Todo lo que queremos suprimir es el carácter miserable de esta apropiación, bajo el cual el obrero vive meramente para incrementar el capital, y solo se le permite vivir en la medida en que el interés de la clase dominante lo requiere.
En la sociedad burguesa, el trabajo vivo es tan sólo un medio para incrementar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado es tan sólo un medio para ampliar, enriquecer y promover la existencia del obrero.
En la sociedad burguesa, por tanto, el pasado domina al presente; en la sociedad comunista, el presente domina al pasado. En la sociedad burguesa el capital es independiente y tiene individualidad, mientras que la persona viva es dependiente y carece de individualidad.
Y la abolición de este estado de cosas es llamada por el burgués, ¡abolición de la individualidad y de la libertad! Y con razón. Se apunta sin duda a la abolición de la individualidad burguesa, la independencia burguesa y la libertad burguesa.
Por libertad se entiende, bajo las actuales condiciones burguesas de producción, el libre comercio, la libertad de venta y compra.
Pero si el comercio desaparece, el libre comercio desaparece también. Este lenguaje sobre el libre comercio y todas las demás «valientes palabras» de nuestra burguesía acerca de la libertad en general, solo tiene